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Sarasota Herald-Tribune – Cuban pianist crosses borders in varied styles. By Gayle Williams, Correspondent Posted Nov 16, 2019 at 9:25 AM Updated Nov 16, 2019 at 5:50 PM

https://www.heraldtribune.com/entertainment/20191116/music-review-cuban-pianist-crosses-borders-in-varied-styles

Cuban jazz pianist Gonzalo Rubalcaba, who was discovered by Dizzy Gillespie in 1985, performed for The Ringling’s Art of Performance Series

Ten years ago, pianist Gonzalo Rubalcaba stated in a “Talking Jazz” interview that his music “should not be parceled under a heading, name or terminology.” Although many might call him a jazz musician, Rubalcaba simply points to his musical origins as a Cuban influenced by movements, international tendencies, and both Western European academic music as well as jazz.

Performing solo Friday on the Historic Asolo Stage under dramatic blue lighting, from the audience perspective, Rubalcaba might as well have been in a Greenwich Village jazz venue.

The music, however, tinged with identifiable jazz elements, blew open new doors and windows. Rubalcaba was often performing from a score but the music flowed from him with an organic, improvisatory ease. I felt myself alternatively lean in to catch the detail and then sit back with eyes closed to soak it all in.

Rubalcaba carried his prodigious keyboard technique lightly. It was his technique and musicality that allowed the myriad of voices, often in a thicket of notes, to emerge and speak clearly.

As if to further thwart the human desire to categorize and pin down experiences, the program for The Ringling’s Art of Performance series had no list of compositions or anything to follow as we so often do in traditional recitals. Yet, he paused briefly, and silently, after each of the eight selections and then returned for an encore. We could follow that far.

What did we hear? Often, as in the first selection, there were angular, syncopated structures punctuated by rapid finger work and crystalline runs across the keyboard. Perhaps we heard a boogie woogie-style ostinato and some straightforward swing, but that was never a lasting framework.

His harmonies were expansive and non-discriminating from typical beauty and piquant dissonance. Neither did he shy away from exploring the growling thunder of the piano’s extreme low register.

Early in the program we found a ballad, as pure and still as a mountain lake, and elegant in its melodic beauty. I was already asking myself, “What is the real difference between a contemporary pianist and composer like Rubalcaba and historic geniuses like Mozart, Beethoven, or even Schumann?”

Rubalcaba was considered a prodigy and gained wide acclaim at a relatively young age. He performs with perfection and his original music is quite impressive. In fact, royal courtiers hearing Mozart could not have been more impressed than we were with Rubalcaba’s innovation and sophistication.

His Latin roots appeared here and there throughout the program in rhythm and melodic turns, no more so than in his penultimate selection, which sounded like hints of John Phillip Sousa’s “Stars and Stripes Forever” over a habanera rhythm. We humans like the familiar and it seems the audience did appreciate the nod here and in his encore with just a peck on the cheek of “Besame Mucho.”

 

Gonzalo Rubalcaba and Aymée Nuviola “Viento y Tiempo”! BLUENOTE, TOKYO, JAPAN_SUMMARY

 

El Nuevo Herald – “Rubalcaba y Nuviola arrasan en Japón” by Carlos A. Martín

https://www.elnuevoherald.com/entretenimiento/musica/article234195872.html

Rubalcaba y Nuviola arrasan en Japón

POR CARLOS A. MARTÍN ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

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Gonzalo Rubalcaba y Aymee Nuviola disfrutaron de exitosas presentaciones en el club Blue Note y el Cotton Club de Tokio, Japón.

Tokio, ha estado disfrutando por estos días de una buena dosis de la mejor música cubana. Los consagrados artistas Gonzalo Rubalcaba y Aymee Nuviola acaban de regresar de una semana llena de exitosas presentaciones en el club Blue Note y el Cotton Club de la agitada capital nipona. “No podemos estar más felices”, nos comentan satisfechos, “el recibimiento ha sido maravilloso y una vez mas hemos comprobado el respeto que existe en todo el mundo por nuestra cultura”.

“Viento y Tiempo” el proyecto que ha reunido a los dos destacados músicos cubanos es una idea que se ha materializado después de muchos años de complicidad. “Gonzalo y yo nos conocemos desde muy pequeños, cuenta Nuviola, imagínate somos del mismo barrio en La Habana y nuestras madres eran amigas y nos llevaban juntos al mismo conservatorio de música”.

Educados bajo la rigurosa mirada de Silvia, su primera profesora de piano, Rubalcaba y Nuviola aprendieron a reconocer y apreciar el verdadero valor de nuestros ritmos de manera similar. “Somos provenientes de familias muy musicales, agregan, en nuestras casas se respiraba música por todas partes y siempre hubo un gran interés por enseñarnos la disciplina y el rigor que nos convertiría en buenos profesionales”.

Así, el camino recorrido por los dos artistas ha sido largo y lleno de esfuerzo. Rubalcaba es considerado por muchos, el músico cubano mas valioso de su generación y se ha establecido como uno de los pianistas de jazz más importantes del mundo, desarrollando una brillante carrera basada en su especial virtuosismo.

Nuviola por su parte, se ha afianzado como una de

las mayores exponentes de la música cubana y se ha ubicado en los primeros lugares de popularidad de las listas Bilboard, con una carrera de sólida proyección internacional, caracterizada por su elegante y sofisticado estilo a la hora de cantar.

Después de 20 años de separación, los dos artistas han vuelto a encontrarse en Miami y el resultado no podría ser más encomiable. “Viento y Tiempo es un regreso a los afectos y las nostalgias, nos dice Nuviola, es un homenaje a nuestras madres, a nuestra tierra y a todo el pasado que nos une. Sabía que trabajar con Gonzalo Rubalcaba sería un gran paso en mi carrera nos dice con respeto, pero la experiencia ha superado cualquier expectativa. Lo sucedido en Japón ha sido una experiencia única que conmovió mi corazón”.

“Me sorprende siempre la compleja simplicidad del tiempo que lo pone todo en su lugar en el momento preciso, agrega Rubalcaba. Doy gracias por la oportunidad de contar en este hermoso proyecto con ese inigualable músico/artista y bello ser humano que es Aymée Nuviola _“La Sonera del mundo”_ ; agradezco a Blue Note Tokyo, Bosendorfer, Cotton Club, la familia Kaneko y a todos quienes han bendecido nuestro sueño, pero sobre todo, agradezco a todo el equipo de “Viento y Tiempo y al numeroso público que asistió al espectáculo a disfrutar con nosotros esta inolvidable experiencia durante nuestra estancia en Tokio.”

La banda que acompañó a los artistas en esta primera parte de la gira estuvo compuesta en el bajo por Cristóbal Verdecía, Reinier Guerra en los tambores, la percusión de José “Majito” Aguilera, el saxofón del japónes Kazuhiko Kondo y las voces de Lourdes Nuviola y Alfredo Lugo.

“Viento y Tiempo” ha despegado un vuelo sin fronteras” apunta Rubalcaba. Esperamos poder llevar este espectáculo a muchos lugares del mundo, nos adelantan los artistas. Próximamente estaremos participando en los festivales de jazz más importantes de Europa y Asia y en Noviembre tendremos una extensa gira por Brasil que incluirá presentaciones en Rio de Janeiro y en el Blue Note de Sao Paulo”. La ciudad de Miami recibirá el espectáculo para el próximo año en el escenario del Adrienne Arsht Center.

 

 

 

Revista “TEMPO” – GONZALO RUBALCABA, ACERCANDO MUNDOS . Por Iván R. Contreras.

https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/gonzalo-rubalcaba-se-presenta-en-bogota-el-8-de-agosto-396734?fbclid=IwAR3WS3uevp5tunHLiUTc4pc6RANU-rJbUhAjZ8x5DOhMZNJURQPmfploZgc

GONZALO RUBALCABA, ACERCANDO MUNDOS

El próximo jueves 8 de agosto se presentará en el Teatro Colsubsidio Roberto Arias Pérez el pianista cubano Gonzalo Rubalcaba.

Por: Iván R. Contreras

Difícil imaginar una relación más compleja y fragmentada que la establecida entre Estados Unidos y Cuba durante el Siglo xX, pero al mismo tiempo resultaría aun más complicado encontrar dos naciones con intercambios musicales tan fecundos durante el mismo periodo.Tal paradoja ha sido posible gracias al jazz: el género mestizo por antonomasia.

El arte de Gonzalo Rubalcaba es parte de ese trueque cultural que, por fortuna, ha logrado esquivar las coyunturas políticas y económicas impuestas.

En el piano de Rubalcaba cohabitan los golpes de la santería con la Escuela Rusa, la huella de sus mentores jazzisticos, Dizzy Gillespie y Charlie Haden, así como los patrones del danzón heredados de su abuelo Jacobo, los mismos que ejecutaría más adelante junto a la Orquesta Aragón durante una de sus primeras correrías fuera de la isla.

Hablamos con Gonzalo Rubalcaba días antes del recital del 8 de agosto en el Teatro Colsubsidio. Su raíces, sus influencias y sus posturas musicales quedaron consignadas en esta nota, gracias a la generosa charla que nos concedió el maestro cubano.

Usted creció en Cayo Hueso, un barrio de La Habana cargado de una diversidad musical poco frecuente.

Sí. Ahí nací y crecí hasta casi los 26 años. El entorno oscilaba entre lo folclórico, lo ortodoxo y entre otras tantas influencias. Igual yo estudié desde los ocho o nueve años en el conservatorio.

Es evidente que esa variedad musical dentro de la que creció determinó su música ¿Cómo recuerda el sonido de ese barrio?

El sonido ambiente que había en ese barrio se producía en la esquina, en la calle, en frente a la bodega donde se compraban los alimentos. Además la gente vivía con la puerta abierta, entonces, uno podía ser testigo involuntario de todo lo que pasaba alrededor. La radio sonaba a cualquier volumen, y uno podía escuchar con qué se estaban deleitando los vecinos… todo eso tiene un impacto obvio, o menos obvio, en la memoria de un niño, y creo que eso fue lo que determinó mi actitud de total “desprejuicio”.

Pero además de ese sonido ambiente y del conservatorio estaba su casa, que fue como otra escuela paralela.

Bueno. Mi casa fue durante mucho tiempo un espacio de preparación de diferentes proyectos que formaba mi familia. Allí acudían importantes músicos, que yo diría, son parte del ABC de la música cubana, por lo menos de los años sesenta y setenta. Algunos tenían que ver con la música popular bailable, otros con la música clásica, otros con el folclore afrocubano en todas sus manifestaciones, bien porque eran tocadores, bien porque eran iniciados de la religión. Ademas, mi padre tenía discos de Jimmy Dorsey y Benny Goodman. Creo que había algunas cosas de Dizzy, pero también había música cubana, de Cachao, de Bola de Nieve.

Esa falta de prejuicios musicales se ha visto reflejada en sus colaboraciones con varios músicos fuera del mundo jazzístico, entre esos, con la Aragón o Juan Luis Guerra, entre otros.

Si. Y hay muchas más referencias. Propiamente la Aragón fue un momento… el poder viajar con ellos, tocar con ellos…para mí fue una escuela. A quién se le ocurrió la idea …bueno, te puedo jurar que no fue a mí, tampoco fue de ningún miembro de mi familia. Vino de la propia orquesta. Ya Rafael Lay, que había sido el director por varias décadas había fallecido. En la dirección estaba su hijo Rafaelito. Desafortunadamente se creó una división entre aquellos que pensaban que Rafaelito debía ser el continuador y otros pensaban que debía ser Richard Egües. En aquel momento el pianista se enfermó, y se venía una gira por África y Paris … yo tenía veinte años, esta fue la segunda vez que yo estaba por salir de Cuba, porque la primera vez lo hice con Beatriz Márquez, a los 17, precisamente a Colombia, el primer país que conocí fuera de Cuba.

Si no estoy mal ¿fue a raíz de un premio de orquestación que ganó?

Sí. exactamente. En el Festival de Buga. Esto fue en el ochenta. Después vino esta segunda salida, con la Aragón. Ellos me llaman para sustituir a este señor que era una institución, y lo hice. Siempre bajo unos sustos tremendos, porque era una responsabilidad muy grande y aunque yo venía de una familia con una tradición en la práctica del danzón, no me podía considerar en ese entonces, con veinte años, un danzonero.

A propósito de esa orquestas que son como escuelas, usted participó también en esa legendaria agrupación que se llamó la Orquesta Cubana de Música  Moderna.

Así es. También toque con la Orquesta Cubana de Música Moderna. Esta es una de las instituciones por donde han pasado montones de músicos importantes, como los primeros integrantes del grupo Irakere. Yo pasé por ahí. Igual tuve la oportunidad de trabajar con muchísimos cantantes, esta es otra escuela, y yo diría, que la forma más determinante para que aprendas a hacerlo es estando en la calle, trabajando con esos cantantes que demandan de ti una forma específica de acompañamiento. Que un día te dicen, “hoy no me siento con la voz correcta, cambia el tono” y luego, te vuelven a cambiar el tono. Esto es una escuela.

De este período ¿Qué figuras recuerda especialmente?

Mmm… Omara Portuondo, Elena Burke, entre muchas otras, ahora te hablé de Beatriz, pero hay algo que se menciona poco y fue mi periodo con Juan Formell y los Van Van. Formell era vecino nuestro. Yo diría que la música de los primeros discos de los Van Van fue creada en Cayo Hueso, el barrio donde él vivía, a cuadra y media de mi casa. Formell había tocado con mi papá como contrabajista de un trío de jazz hace muchos años. Él me vio crecer, yo veía a sus hijos ahí, correteando, jugando en el barrio y un buen día llegó a la casa y dijo, “tengo que hablar contigo, con tu papá y con tu mamá”. Eran los carnavales de ese año, de los años ochenta y tantos. Pupy Pedroso, el pianista de los Van Van, había tenido un accidente en un pie y era imposible que hiciera la temporada en los carnavales de La Habana, evento al que los Van Van no podían faltar. Entonces a Formel se le ocurrió pedirle permiso a mis padres para que yo tocara con ellos esa temporada. Y bueno, mi mamá le dijo, “ yo no tengo problema en que él vaya y toque en los conciertos, pero tengo una condición, y es que tú eres responsable de mi hijo. Entonces tú lo vienes a buscar para llevarlo a los shows y cuando terminen tú mismo lo debes traer a la casa”.

Al escuchar esta historia de Juan Formell, llega a mi memoria el intento de saboteo del que Formell fue objeto antes de un concierto en Miami. Usted pasó por una situación similar. Pero paradójicamente Cuba y USA, dos países políticamente antagónicos como no hay otros en América, son a sí mismo los que han tenido un mayor intercambio musical en la región…

Y no solo en la música. Son dos países que comparten muchas cosas, más de lo que se dice. Yo creo que hay una tendencia tanto de un lado como del otro a recalcar sobre todos aquellos puntos en los que no hay acuerdo…  y quiero aprovechar la pregunta para decir esto: la importancia de la música cubana, su cultura, pero sobre todo su música y su arte, no se circunscriben solamente a los últimos sesenta años. Por ejemplo, cuando hablamos de un Mario Bauzá, en los treinta, o de Celia Cruz, entre otros tantos, como Lecuona, Bola de Nieve, Peruchín, Frank Emilio, Bebo Valdez, Beny Moré. En fin, no acabaríamos. Diría que incluso desde finales del Siglo XIX o principios del Siglo XX, ya se puede hablar de un criollismo en las composiciones y en la ejecución, sobre todo de la pianística cubana. Figuras como Manuel Saumel, Ignacio Cervantes, entre otros tantos, hasta la figura de Ernesto Lecuona, quien llega para expandir ese legado. Pero los artistas, todos, y sobre todo en los últimos sesenta años, han hecho una labor diplomática envidiable, es decir, hay mucho más de qué hablar sobre los préstamos y las exploraciones entre la música y los músicos cubanos y algunas tendencias de la música norteamericana que lo que en realidad se cuenta y se sabe. Mira, la mayoría de los que hacen música han hecho música bailable y siguen haciendo música bailable. En los últimos sesenta años todos tienen una formación jazzística, empezando por Irakere, NG la banda, Juan Formell, quien también tocó con tríos de jazz en algunos clubes de La Habana.

A propósito de esos encuentros interculturales, usted debutó en 1980 con una obra que unía a Mozart con el danzón, experimento en aquel entonces muy criticado ¿Cómo recuerda esto?

Mira…. ahora mismo no sabría defender cómo lo hice y si el nivel de aquello era aceptable o no. No me refiero al concepto, me refiero a la elaboración. Pero yo creo en el derecho que tiene cualquier artista de  tener un punto de referencia a partir de una obra procedente de una u otra cultura, lenguaje, o estética musical. Por otra parte, había crecido escuchando música que tenía la influencia cultural europea. Todos sabemos que desde Bach hasta Stravinski, los compositores iban a buscar referencias para armar su discurso musical. Entonces yo encontraba que las críticas estaban mal enfocadas, es decir, yo creo que podrían haberme dicho, tienes que prepararte más, tienes que lograr un mejor dominio desde el punto de vista de construcción de estructura morfológica, del dominio de la orquesta, de la instrumentación, para poder llevar eso que intentas a un nivel importante. Visto desde ese punto de vista, yo creo que la crítica hubiera sido válida, pero como lo planteaban, carecía de fuerza.

En el álbum Mi gran pasión, con el que usted debutó en la discografía europea, se repite el experimento anterior, esta vez con la música de Tchaikovsky. ¿En alguna medida, esto fue una nueva respuesta contra ese purismo de la crítica?

Mi gran pasión ni siquiera es mérito mío. Es el eco de la genial idea de Pedrito Hernández, violinista, compositor y maestro de música. Fue uno de mis maestros, no en la escuela sino en mi casa. Con él con quien aprendí a solfear y aquello que   llamamos la lectura a primera vista. Había trabajado con mi papá durante los años sesenta en la orquesta de Enrique Jorrín, el creador del cha cha  cha. Era violinista de esa orquesta y fue después violinista de la Orquesta del Instituto Cubano de Radio y Televisión. Él iba a la casa a prepararme, traía sus partituras de piano y su violín con los danzones que él escribía o arreglaba, y abría cualquiera de esas partituras, me las ponía delante y contaba “un, dos, tres, cuatro”, y había que empezar a tocar. Decía, “a ver… ¿sabes tú con qué te vas a encontrar o qué vas a leer cuando abres el periódico, o cuando abres un libro? No ¿cierto? Bueno pues esto es lo mismo”. Él fue el responsable de que yo lograra algo de eso, pero a su vez, yo estaba conociendo toda su obra, porque era su propia obra la que el utilizaba para esto, y así, también conocí la obra de Arcaño y de esos nombres que son obligatorios cuando se habla del danzón en Cuba. Entonces descubrí que este señor, Pedro Hernández, había hecho una serie de danzones que estaban basados en temas de Tchaikovsky, Grieg y otros. Y Mi gran pasión es un homenaje a él. Desafortunadamente estas palabras no aparecen en el disco, e incluso fueron mal manejados los créditos, y eso me trajo problemas editoriales, porque se decía que yo había usurpado los derechos de este señor.

A propósito de esos encuentros entre diversas corrientes, hay un término bastante aceptado, al menos en la industria, que a usted no le agrada mucho. Me refiero al concepto de “Latin Jazz”.

El concepto de Latin Jazz…no es que tenga nada en contra de él, igual no tengo nada en contra de ningún otro concepto, pero no me gustan las clasificaciones. Hay una gran cantidad de consumidores, de gente que sale a comprar música que necesita un espacio organizado. Pero a su vez esto crea barreras, crea limitaciones, porque empezamos a crear el hábito de no vincular, y yo creo que ese es el error más grande. Ahí es donde se me traba la clasificación. Es como las comidas. Es decir, hay sal en la mayoría de las cocinas alrededor del mundo, hay azúcar y aceite, pero al final, cuando nos sentamos a comer sushi o un plato colombiano no hablamos de la cantidad de sal o de la cantidad de azúcar, hablamos de un resultado.

Hablando del jazz y cuba. A mi parecer usted ha logrado salirse de la lógica de improvisación, a veces excesivamente virtuosa, que ha influido a varios jazzistas cubanos: el be-bop, ¿Qué nos puede decir sobre la evolución de su estilo?

Bueno. Siempre es difícil hablar tan directamente de uno mismo, de cómo va haciendo las cosas…uno se mete demasiado en la búsqueda. Para mí lo más importante es estar alerta, no solamente a lo que te rodea, pues existe la posibilidad de enamorarte demasiado de ti mismo. El mayor responsable de eso eres tú, no el entorno. Hay que estar todo el tiempo en actitud de búsqueda y sin prejuicios, como hablábamos al principio… aquí estamos dando un poco de forma a todo lo que hemos hablado, estamos haciendo un da capo…ese “desprejuicio”, creo, es lo que me ha dado la oportunidad de entender, o por lo menos, de querer intentar abrir espacios diferentes dentro de la propia tradición de la música cubana. Leo Brouwer decía en algún momento, “la tradición, cuesta mucho trabajo cambiarla, cuesta mucho trabajo moverla, transformarla, pero se logra”.

Hubo dos músicos de jazz que resultaron fundamentales para la promoción de su carrera. Me refiero a Charlie Haden y Dizzy Gillespie.

Bueno. Dizzy llegó primero a Cuba. Ya cuando Charlie llega, Dizzy había estado tres veces, y esa tercera vez fue cuando nos conocimos, en el año 84, en el contexto del Festival de Jazz de La Habana. Yo estaba tocando en una sub sede del Festival, que es un cabaret que se encuentra en el Hotel Nacional de La Habana, en donde se hospedaba. Allí también tocaba Emiliano Salvador y otra gente. Dizzy llegó. Lo habían traído del aeropuerto. Terminé de tocar y él fue a buscarme para proponerme tocar al otro día en su espectáculo. Yo lo sentí como un compromiso, pero realmente lo que Dizzy estaba haciendo era depositando su confianza en mí, cosa que todos los jóvenes necesitan; toda la gente desde que empieza necesita una mano, y eso fue lo que hizo Dizzy. Luego de esto, yo llegaba a diferentes lugares del mundo a tocar y siempre me repetían la misma anécdota. “Yo supe de ti porque Dizzy te mencionó”. Igual pasó después con Charlie. Charlie y yo estábamos en el festival de jazz. Él tocó con la orquesta Liberación, después yo toqué con el grupo Proyecto, y él se quedó, y cuando se terminó vino a hablar conmigo y me dijo, “¿hay algún lugar donde podamos ir mañana?, pero un lugar donde se pueda grabar lo que vamos a tocar”. Entonces, fuimos al otro día a los estudios EGREM y estuvimos tocando casi tres horas. Esa sesión se grabó. Igual como hizo Dizzy en su momento, Charlie regresó a Estados Unidos y buscó la manera de ver cómo me podía introducir en el mercado norteamericano, pero fue imposible porque no me dieron la visa para tocar en Estados Unidos.

¿Y entonces, cómo logró su contrato con Blue Note?

Charlie le llevó esos casetes a Bruce Lundvall, el presidente de Blue Note que había sido también presidente de la CBS.. Ahí empezó entonces la gestión. Fueron a Cuba en el año 88 o 89, precisamente buscando la manera de firmar, pero la ley no les permitía firmar a un ciudadano cubano que viviera en Cuba y bueno, los abogados también están entrenados para buscarle la vuelta a la ley, entonces llegaron a la conclusión de que tenían que utilizar un elemento externo que los ayudara en esto, y ese elemento fue la EMI Toshiba, que era una especie de extensión de Blue Note en Japón. Ellos podían firmar como una compañía japonesa, Pero había otro punto. Había que convencer a los japoneses de que me firmaran porque nunca habían escuchado hablar de mí. Ahí se arregló entonces el concierto que se tituló Live at Montreux, con Charlie Haden y Paul Montian en la batería. Esto lo organizaron el entonces fundador y director de Montreux y Bruce Lundvall. Cuando terminamos el concierto automáticamente dijeron que sí, que firmaban. Y ahí empezó todo.

Usted debutó primero como percusionista. ¿Qué tanto de ese Rubalcaba aún está presente?

Soy un apasionado de lo que yo llamo el motor rítmico. Es un elemento primordial dentro de la música. Pienso que así como el piano es un instrumento complementario para cualquier músico, también la percusión debería serlo. A veces vemos que músicos con un conocimiento armónico tremendo, pero tienen dificultades con la parte rítmica. La métrica y la rítmica hacen posible una traducción completamente diferente en la manera que organizamos el discurso armónico.

¿Qué influencias extra jazzísticas consulta con frecuencia?

Yo intento oír mucha música. Además de pianistas me gusta mucho escuchar a los instrumentistas de viento, a los saxofonistas, los trompetistas, guitarristas, me gusta explorar otros mundos de la cancionística… siempre ando muy abierto pero el filtro existe. He tocado algunas cosas más allá del mundo del jazz. El Concierto para dos pianos, percusión y orquesta de Béla Bartók, por ejemplo. Eso fue hace dos años y medio con la Orquesta Metropolitana de Tokio y un pianista que ha derivado en clásico, Makoto Ozone, y que tocó mucho tiempo con Gary Burton. El año pasado toqué con la Sinfónica de Zagreb el Concierto en fa de Gershwin. Cuando establezco esta relación con otros mundos, siento como si me pusiera unos espejuelos que me dejan ver mucho más lejos, con mayor profundidad, que me dejan encontrar colores que normalmente no veo con los espejuelos normales.

“EL TIEMPO” – “El músico que la percusión le regaló al piano”. Por Olga Lucía Martínez (Bogota)

https://www.eltiempo.com/cultura/musica-y-libros/gonzalo-rubalcaba-se-presenta-en-bogota-el-8-de-agosto-396734?fbclid=IwAR3WS3uevp5tunHLiUTc4pc6RANU-rJbUhAjZ8x5DOhMZNJURQPmfploZgc

 

El músico que la percusión le regaló al piano

Gonzalo Rubalcaba se presentará en el Teatro Colsubsidio, en Bogotá, este 8 de agosto.

Gonzalo Rubalcaba acaba de terminar una gira en Europa. A los 17 años hizo su primer viaje internacional y fue al Festibuga, que se realizaba en Buga, Valle, donde recibió un premio.

Foto: Cortesía Gonzalo Rubalcaba
Por: Olga Lucía Martínez Ante 
03 de agosto 2019 , 09:43 p.m.

Todo indica que en el universo musical de los Rubalcaba el sentido de lo femenino es pilar fundamental, al punto que de dos generaciones para acá se lleve el apellido de una antepasada por encima del que otorga la línea paterna.

De hecho, el apellido original es González, como está en los registros de nacimiento. Pero Guillermo González Camejo, nacido en 1927 en Pinar del Río (Cuba) pianista, director de orquesta, compositor y orquestador especializado en danzón y chachachá, rompió la lógica del apellido y se puso el Rubalcaba de su abuela paterna cuando empezó su carrera en la música.

El motivo no es muy claro. En algunos escritos se afirma que lo hizo por razones profesionales, pero sin especificar el porqué.

Esta tradición llegó hasta Gonzalo Rubalcaba (La Habana, Cuba, 1963), uno de los más reconocidos pianistas de jazz y exponentes del jazz afrocubano, que es un representativo exponente de su legado familiar.

Y aunque Rubalcaba no firma su vida musical con el apellido de su mamá, ella, Yolanda Fonseca, ha sido fundamental en su carrera, ratificando la importancia de lo femenino en esta familia. En ella pensará, como siempre lo hace, el próximo 8 de agosto, cuando se presente en el Teatro Colsubsidio de Bogotá con su concierto ‘Jazz a piano solo’, un espectáculo que tendrá muchas mezclas de sonidos y los temas más reconocidos de sus más importantes discos que recogen distintas tendencias.

“Entré a estudiar piano por darle gusto a ella –cuenta Rubalcaba–. Yo di muestras de interés por la música como a los 5 o 6 años, y aprendí batería y percusión de oído. En mi familia se entendió que debía presentarme a una escuela y, entonces, apareció el piano como opción, pues cuando iba a hacer los exámenes de percusión me dijeron que no tenía edad aún para esos estudios, pero que podía hacer piano o violín”, cuenta
Rubalcaba vía telefónica desde Londres, mientras terminaba una gira europea que lo tuvo haciendo un recorrido por varias ciudades durante tres semanas.

Amable y buen conversador, como la mayoría de los cubanos, agrega que ninguno de esos dos instrumentos estaba en su mira. Entonces, apareció la mágica figura de Yolanda Fonseca. “Ella me sedujo y me explicó, sentada a mi lado, que el piano era importante para cualquier músico, que debía tener conocimiento de él porque me iba a servir para la destreza armónica y lo melódico. Esa explicación sabia hizo que me decidiera”.

Lo suyo en ese momento, de querer la percusión y no el piano, pudo ser un toque de rebeldía, pues desde que tiene conciencia hubo un piano en su casa habanera. “Lo tocaba mi papá y mis hermanos mayores. A uno de ellos lo veía estudiar y me gustaba cómo interpretaba a Chopin y Liszt, pero me parecía que era un instrumento muy difícil, así como la lectura de las partituras, y más hacer las dos cosas al tiempo”.

Pero terminó en el piano siendo uno de los mejores del mundo en su estilo, y hoy cree que en la vida no hay nada casual. “Todo parece ser que funciona porque hay un motivo y una razón predestinada”, agrega. Es cierto, y varios hechos lo ratifican. Uno de ellos ocurrió en 1985, cuando Rubalcaba tocaba en el Parisien habanero. Dizzy Gillespie llegó a la ciudad, y para que comiera algo y oyera un poco de música de la isla lo llevaron allí.

“Lo llevaron justo cuando yo estaba tocando… De repente, vi que se subió al escenario por un costado con un traductor y me abordó. ‘Hola, soy Dizzy Gillespie y me gustaría que tocaras conmigo en el concierto que voy a dar’, me dijo. Me quedé congelado”, le contó Rubalcaba a El País de España. Segundos después y por medio del traductor, le pidió a Rubalcaba que al día siguiente pasara por su habitación para que se pusieran de acuerdo.

“En un segundo, toda La Habana estaba hablando del tema. Así entraba en el mundo de la música por la puerta grande”, le dijo al diario madrileño.

Primera vez, en Buga

Y de sus recuerdos Rubalcaba saca uno del que no ha hablado tanto: su primer viaje internacional como músico, que tuvo como destino Colombia. “Mira que fue a Buga, al Festibuga, acompañando a una cantante que aún sigue deleitando con su voz, Beatriz Márquez, una artista con unas condiciones excepcionales. Y allí me dieron mi primer premio”, dice, refiriéndose al galardón en orquestación que recibió al final del encuentro.

En 1978, con solo 15 años, Gonzalo Rubalcaba creó su grupo Proyecto, del que fue baterista, pianista, compositor y arreglista, demostrando autonomía, liderazgo, mucho talento y poder desde muy temprana edad.

Y se destacó rápido en la isla, especialmente en el Festival Jazz Plaza de La Habana, donde llamó la atención con sus solos de piano, su improvisación y su ritmo. Empezaron a aparecer composiciones como Nueva cubana, Pisando el césped, Pergamín y Rapsodia española, entre otros, incluidos en sus discos de 1984 y 1986.

Declarado jazzista, hoy afirma que no sabe quién atrapó a quién. “Hay una historia de una búsqueda constante ahí, de una libertad que no está solamente en lo que ganamos en la improvisación, sino en las propias partituras, donde hay un espacio y una naturaleza que permiten aportar algo, pues el intérprete no es un esclavo. El jazz permite con mayor facilidad que el instrumentista se vuelva compositor”, afirma.

Este género lo atrapó joven. Y vuelven los recuerdos a asomarse: “Yo veía a mis compañeros de escuela inmersos en la improvisación. A mí me pareció fascinante y quise ser parte de eso. En mi casa había muchos discos de vinilo viejos, de los años 30, y ahí aparecieron verdaderas joyas de Benny Goodman, entre otros, así como discos de los 40 y 50 de otros grandes”.

Esta música, que hacía parte de la colección sonora de su familia, fue otra puerta para Rubalcaba. “Lo cierto es que ahí comenzó todo, porque se ligó la escuela clásica, el jazz y una casa donde se producía el contacto más directo con el mundo de la calle. Vivía en el centro de La Habana, donde pasaba de todo, desde la buena rumba, el toque de un santo (tradición yoruba), hasta unas broncas (peleas) tremendas; se oían los radios de todas las casas a todo volumen porque vivíamos con las puertas y las ventanas abiertas (…)”.

Todo sigue presente en su mente y en su estilo a través de lo clásico, lo popular y el jazz. Habitan en el Rubalcaba que ha hecho discos como Tokyo adagio, Concierto negro, Giraldilla, Suite 4 y 20, Flying colors, Supernova, Paseo y Fe, por nombrar algunos entre una discografía muy buena.

Con letras grandes

Oír a Rubalcaba es sentir que todos sus encuentros musicales se mezclan entre las teclas de su piano que toca magistralmente con sus dedos. Blancas y negras traen a la memoria, especialmente, la rítmica de los sonidos de su país, que van desde lo popular a lo bailable y no escapan de los clásico que han dejado maestros como Ernesto Lecuona.

En ese universo, el nombre de Gonzalo Rubalcaba está escrito con letras grandes. Ganador de dos premios Grammy anglo e igual número de latinos, The New York Times lo ha definido como “un pianista de habilidades casi sobrenaturales”.

Y él lo ratifica. A los 26 años deja Cuba, por lo que lleva más de media vida sin residir en la isla, lo que no le quita ni el sentir ni la identidad cubanas. Habla como cubano, pero ha aprendido a no atropellar tanto las palabras como sus coterráneos. Pero, mirando con un poco de distancia su país, piensa, como ha dicho en varias entrevistas, que las cosas allí siguen siendo muy difíciles.

“Hay una historia de una búsqueda constante ahí, de una libertad que no está solamente en lo que ganamos en la improvisación, sino en las propias partituras”

Su camino, sin embargo, lo llevó por otros rumbos, pero por cosas de la música y de su talento tuvo más encuentros importantes con músicos de trayectoria antes de irse de Cuba. En 1986 llegó a la isla Charlie Haden (contrabajista de jazz estadounidense) y terminó oyendo a Rubalcaba.

Encantado con lo que vio, pidió estudio de grabación para el día siguiente y fue necesario conseguirlo, pues quería llevarse algo grabado.

Haden le dio un gran impulso en su carrera, pues el contrabajista lo llevó a Nueva York y logró que tuviera un importante contrato con una disquera internacional que, por los avatares del bloqueo a Cuba, debió firmarse en la filial japonesa de la empresa Blue Note.

Además –ha contado Rubalcaba en varias entrevistas–, Haden, quien era fanático de la música cubana, especialmente de la más tradicional, lo llevó a reencontrarse con muchos sonidos que no era que no pasaran por sus venas, sino que no estaban tan en la superficie de un músico que se ha nutrido de innumerables fuentes.

Rubalcaba, que va y viene por el mundo, sigue viviendo cerca de Cuba (primero, en República Dominicana y ahora, en la Florida), y con alguna frecuencia –no tanta, como quisieran sus seguidores– viene a Colombia, donde ha asistido a festivales de jazz y conciertos.

En sus tantos viajes por distintos países, pasa mucho tiempo en los teatros, ensayando en el piano que le corresponda para cada presentación. Conoce el alma de muchos de estos lugares. “Cada uno tiene su energía y vibra diferentes, están llenos de historias que conviven allí”.

Para él, “lo mejor que nos puede suceder es llegar con la actitud de percibir de qué están hechos, qué es lo que hay ahí. Yo creo mucho en su componente espiritual, por eso digo que lo que allí existe ayuda a hacer del concierto que uno presenta algo único”.

Por eso no se limita a llegar, sentarse, ensayar y tocar. A Rubalcaba le gusta conocerlos un poco, sentirlos un poco y establecer un vínculo con ellos y con las personas que trabajan en estos lugares.

Es cubano, aunque viva lejos de su país hace tanto tiempo. Necesita esos afectos que son tan de los latinoamericanos, la cercanía, el conversar largo, contarse en qué va la vida. Viene, además, de una familia que ha ido más allá de la música, pues ha dado profesores de música y danza, así como pintores; una familia que sigue percibiendo la vida de un modo distinto gracias al arte.

El hijo de Yolanda Fonseca la seguirá honrando mientras haya música y tiempo para hacerlo. Y seguro que lo habrá.

OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE
Cultura y Entretenimiento

Gonzalo Rubalcaba and Aymée Nuviola “Cotton Club” 2019 .Photos by Yuka Yamaji

                 

Aymée Nuviola and Gonzalo Rubalcaba in Tokyo! – “Viento y Tiempo”

Aymée Nuviola (Voice), Gonzalo Rubalcaba (Piano), Cristobal Verdecia (Bass), Reinier Guerra (Drums), Majito Aguilera (Percussion), Kondo san (Sax), Lourdes Nuviola (backing vocal), Alfredo Lugo (backing vocal

)

Gonzalo Rubalcaba and Aymée Nuviola “Viento y Tiempo”

This is one of the most beautiful stories of Cuban music in recent years.

 

GONZALO RUBALCABA DISCUSSES CHUCHO VALDÉS, CREATIVITY, AND THE SFJAZZ LIFETIME ACHIEVEMENT AWARD. January 24, 2019 | by Richard Scheinin

https://www.sfjazz.org/onthecorner/gonzalo-lifetime-achievement-award/?fbclid=IwAR2tZm32YSjdwBOcjT9sF26Jc7zsNz_e1EN7lmMrdXVhOlN9xlOEwWtADjc

GONZALO RUBALCABA DISCUSSES CHUCHO VALDÉS, CREATIVITY, AND THE SFJAZZ LIFETIME ACHIEVEMENT AWARD

January 24, 2019 | by Richard Scheinin

Gonzalo Rubalcaba performing at SFJAZZ (duo with Chucho Valdés) in August, 2018. Photo by Scott Chernis.

Last year was a good one for aficionados of Cuban piano music: Chucho Valdés and Gonzalo Rubalcaba toured internationally. Given that these two maestros stand at the forefront of the Cuban pianistíca tradition, this was quite an event. Last August, they brought their show to SFJAZZ for four nights – and now Valdés is to be honored by SFJAZZ with its 2019 Lifetime Achievement Award. He will perform with special guests at the organization’s Jan. 31 Gala and for three more nights (Feb. 1-3) with his band Irakere 45.

We decided to talk to Rubalcaba about Valdés’s contributions to Afro-Cuban music and jazz – and about the fact that he, too, has been honored by SFJAZZ for his musical contributions. (That was in 2001, when Rubalcaba won the Leaders Circle Award, forerunner to the Lifetime Achievement Award.)

A virtuoso conversationalist, Rubalcaba inevitably touched on many other subjects – the whole matter of musical lineage, as well as the challenge of passing on a tradition to the next generation. He talked about the responsibility of an artist to his or her audience, and even expressed concern that he might spread himself too thin by pursuing his burgeoning career as a classical pianist. At age 55, he is as motivated as ever. A series of Rubalcaba-led trio discs is on the way: Skyline, with bassist Ron Carter and drummer Jack DeJohnette, will be released in the next several months, to be followed by a recording with bassist Matt Brewer and drummer Eric Harland, and finally a “Latin fusion trio” date whose personnel is still in the works. “It’s a trilogy, three different trios with three different musical projections,” the pianist says. “ A lot of work, a lot of fun – and something that I had in mind to do for a long time.”

Gonzalo Rubalcaba performing in the San Francisco Jazz Festival at Herbst Theatre in 1997 – a double bill with his trio and fellow Cuban pianist Omar Sosa.

Like Valdés, Rubalcaba descends from a rich family tradition of music-making. His father, the pianist Guillermo Gonzalez Rubalcaba, played with Enrique Jorrin, the violinist credited with inventing the cha-cha-cha. His parents’ Havana living room was a musicians’ hangout and rehearsal space where he met many of the period’s eminent figures: vocalist Omara Portuondo, pianist Frank Emilio Flynn and Los Van Van drummer Changuito. By age 17, Rubalcaba was touring Europe with Orquesta Aragon, the venerable charanga band. In the mid-‘80s, when he was in his early 20s, Rubalcaba was championed by Dizzy Gillespie, Charlie Haden and other American jazz musicians. Within a few years, he was signed by Blue Note Records. He moved to the United States – he lives with his wife Maria near Fort Lauderdale, Fla. — and his career has never slowed.
We asked him to pause for an hour to talk about Chucho Valdés, and about his own life in music.

Q: What surprises you about Chucho Valdés? What did you discover about him during your duo tour?

A: I discovered in Chucho a childlike quality. It’s the thing that keeps him yearning and searching – the desire to keep on working and, above all, to do it with gusto. And he doesn’t seem to be afraid of any challenge that is presented to him. I think one could say that Chucho is still musically and personally “restless.” He is constantly listening to new things… He is current.

Q: When you were growing up in Havana, Chucho was already a revered musician. When you heard him on records or watched him on television, what stood out?

A: Those extraordinary technical skills, which perturbed so many of us pianists in and out of Cuba!

Q: Can you remember the very first time you heard about him?

A: My first recollection of the name “Chucho Valdés” was associated with the Orquesta Cubana de Musica Moderna (the Modern Music Orchestra), one of the most important groups of that era with an extraordinarily demanding approach to the compositional and arranging process. This group was a type of model or guide for those of us who were getting started in music, and Chucho was involved not only with the OCMM, but other ensembles as well, all of which were critical in merging the world of Cuban music and jazz vocabulary.

Q: What were your impressions of Chucho in the mid-‘70s when he founded Irakere?

A: I was entering my teen years… (Chucho) explored so many sonorities that as yet hadn’t been explored. It was through his orchestrations and his compositional vision in Irakere, as well as in other formats, that I had always seen him: blending the Afro-Cuban folk and popular traditions, creating an “embrace” between these traditions and jazz – and not only jazz, but classical music.

Q: Like Chucho, you also have been honored for your life in music. That was back in 2001. Can you remember how you felt about it?

A: I felt terrified! It was to me impossible. I was 38, maybe 39 years old, and it was clear that they had too much confidence in me. The only thing I can say is that there was a constant factor that was present at that time and is still part of me today and will be until the day I die, which is the love for music. This is probably what people at that time saw in me — a determination to do music as a way of living, not only to make my living, but a way to live.

Q: Besides feeling terrified, how else did you feel? Tony Bennett had already won the same award. So had the Modern Jazz Quartet and Charlie Haden.

A: It gave me air – it gave me air to breath strongly. It was an inspiration to believe in what I was doing, that I was on the right track and that I should continue to prepare myself musically every day, as if it were the first day. And with the years, to see the other names that they have included in this book of recognition – it made me feel very proud and very honored.

Q: When you reflect on your upbringing in Havana, and on all the musicians you knew as a boy, what stands out?

A: They were looking for a certain quality in music – for music that moves you in some way. I’m grateful to have lived in the middle of that, surrounded by those sounds and musicians and talks and discussions. Always, I learned about the essence of the Cuban music and the Afro-Cuban music and this connection between the folklore from Cuba and the rituals from Africa — all those elements, and it’s impossible at this point in my life to divorce myself from that experience. It’s not something that I get from books or from videos; I was right in the middle. It was part of my life. And at some age, at some moment, I realized that all my tools to make music came from this background, and that’s still the case. It’s sometimes evident, or sometimes hidden in the music, but that reference is in everything I do. Without those experiences, I would be a different musician and a different person.

Q: Do you talk about this with your students at the University of Miami – about drawing on their own experiences to make music?

A: Yes. I always say to the students, “Before you look ahead, you have to look back. It is important to be clear in where you’re coming from.” Because sometimes we’re looking too far ahead, always looking to catch some new sound, some new chord or rhythm – even though everything we need may already be around us, more than we believe it is. It’s nothing bad to look ahead. But sometimes we look too far to find our own selves. This is why I tell them, “Don’t forget what accompanied you since you were little kids. What music did you first hear? What music were you able to dance to with your first girlfriend or boyfriend?” In the end, the most important thing is the most difficult to get in life, which is the balance. We would like to be totally free and open to assimilate new sounds, new possibilities. But we must also remember that, at least in part, we are the product of what we have seen and heard in our lives.

Q: Your son Joao, is a music producer in Brooklyn. What do you learn from him?

A: He’s very interested in electronic music and the visual arts, and I brought him into the session with Ron Carter and Jack DeJohnette as part of the recording team. We plan maybe to release some of the video from the session, and Joao is doing the editing. He has a different eye. He sees and thinks differently from what I see. It’s complementary, and, at the end, it’s really rich – there’s something added to what I would normally see and hear in terms of the sounds and images. He’s really helping me.

Q: Your career as a classical pianist is growing alongside your jazz work. You’ve been commissioned to compose a concerto that you will perform in 2019, is that correct?

A: Yes, it’s commissioned by a symphony organization in Istanbul, Turkey. I started working on it about a year ago. But in the meantime, all these other ideas came up about playing classical music with symphony orchestras around Europe. I recently was in Zagreb, Croatia, to play Gershwin’s Concerto in F. I have been in love with this music for a long time. It contains everything. It contains virtuosity, but it’s much more than just a piece where you see the pianist showing off his skills. Each movement of the piece is a masterpiece of composition and arrangement for the orchestra – all the sounds, the harmony, the sequences, the feelings. It’s really marvelous.

Q: Will you be doing more of this

A: Well, I’m afraid, because after this concert in Zagreb, some European agents began talking seriously about my doing classical concerts during the whole year – a tour of classical music, and that’s a huge challenge to me. It’s not that I just say, “Oh yeah, I want to do it,” and that’s it. You have to be serious about it. You have to prepare yourself to play that music accurately. I’ve been playing so many types of music at the same time, and I don’t know if I’d be able to do it physically and mentally. To me, the most important thing is not the quantity of what you do, but the quality, the seriousness of what you bring to the people.

Q: What have you decided?

A: I’m thinking about it.

Q: Last year, you performed at a friend’s tiny venue in Japan – a room for only 20 or 30 people, designed for young parents to bring their babies and toddlers to a concert. What was it like?

A: They move around when you’re playing and many of them come closer to you, and closer to the instrument. They do that for a while, and they feel free to just stay there, just looking and trying to discover what it is you’re doing, and this is marvelous. It’s amazing. And even more than the grace and the sweetness I feel from them, I feel a tremendous responsibility to give them what they are looking for. I don’t know what it is, exactly. But wherever I play, I try to be more and more careful about what I’m saying, the music I choose, how I’m to prepare all of this. I want to be always at the level of what the people expect. I believe they expect something.”

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